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Diario Oficial de las Comunidades Europeas 2.2.2001 L 31/21  
DIRECTIVA 2000/84/CE DEL PARLAMENTO EUROPEO Y DEL CONSEJO 
de 19 de enero de 2001 relativa a las disposiciones sobre la hora de verano  
Artículo 2  
A partir del año 2002, el período de la hora de verano comenzará en todos los Estados miembros a la 1 de la madrugada, hora universal, del último domingo de marzo.  
Artículo 3 
A partir del año 2002, el período de la hora de verano terminará en todos los Estados miembros a la 1 de la madrugada, hora universal, del último domingo de octubre.  
 http://cde.ugr.es/Legislacion/dat/2001/l_031/l_03120010202es00210022.pdf. 
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El cambio de hora, ¿ahorra energía? 
Como respuesta a la crisis del petróleo en 1974 -que evidenció la dependencia de las sociedades más avanzadas de este material- muchos países europeos acordaron el adelanto de la hora para aprovechar la luz solar y gastar menos electricidad. En la actualidad, la Unión Europea establece que desde marzo hasta octubre deben añadirse 60 minutos más al horario oficial de cada país. Es decir, se adopta lo que se conoce como hora de verano, que el próximo domingo 26 concluye por este año. ¿Hasta qué punto se ahorra energía? ¿Afecta al organismo este cambio horario?
 
Origen 
El próximo 26 de octubre concluye el horario de verano de 2003, momento en que todos deberemos acometer el ritual del cambio de hora en los relojes y en múltiples aparatos electrónicos. Lo consabido: a las 3:00 de la madrugada serán las 2:00 (en las Islas Canarias a las 2:00, la 1:00). Así, ese domingo durará 25 horas. Las manecillas no se ajustarán de nuevo hasta el 28 de marzo de 2004 en que se reiniciará el horario de verano. Ese día sucederá lo contrario: el día tendrá 23 horas, porque a las 2:00 de la madrugada serán las 3:00 (en las Islas Canarias a la 1:00, las 2:00).   

   El cambio de hora se encuentra regulado en España por el Real Decreto 236/2002 de 1 de marzo, que incorpora a nuestro ordenamiento jurídico la Directiva 2000/84/CE de 19 de enero de 2001 del Parlamento Europeo y del Consejo de la Unión.  
   En este decreto se estipula que en los siguientes 5 años el horario de verano empezará el último domingo de cada mes de marzo y acabará el último domingo del mes de octubre, aunque la Unión Europea ya ha dado carácter indefinido a esta costumbre.
   Los antecedentes de este cambio hay que buscarlos en los primeros años del siglo XX. En España, por ejemplo, ocurrió por primera vez en 1918, pero con el objetivo principal de ahorrar carbón. Durante los siguientes años también hubo modificaciones horarias, pero no tenían continuidad anual sino que eran intermitentes. Desde 1950 a 1973 se abandonó esta práctica. 
   La crisis del petróleo de 1974 provocó que se volviera a recurrir al adelanto de los relojes en España y en el resto de Europa, con la argumentación de que se ahorraba energía en la iluminación. Desde entonces los países europeos atrasan y adelantan el reloj. Sin embargo, siempre ha existido el mismo debate, ¿realmente interesa cambiar la hora? 

¿ Ahorro ? 
Los beneficios y perjuicios del cambio de hora se han discutido desde hace tiempo. La Unión Europea llegó en 1999 a la conclusión de que era positivo el adelanto horario después de estudiar un amplio informe que encargó a la consultora Research Voor Beleid. Ésta analizó todos los documentos previos, preguntó a los expertos en los diferentes sectores afectados e investigó el tema. 
   En este informe se constata que fijar la hora de verano incide de forma distinta en función de la situación geográfica de los países y del tiempo de luz solar diario que tengan, es decir, no afecta de igual manera en el sur de España que en el norte de Suecia, por ejemplo. 
   Además, se exponen argumentos positivos como que, gracias al adelanto horario, las personas podrían estar más tiempo al sol y por lo tanto, aprovecharse de sus efectos beneficiosos, como la asimilación de vitamina D, las actividades de ocio al aire libre o practicar deporte en la calle. De esta forma -según el estudio- se reduciría el estrés y se podría combatir la vida sedentaria y la obesidad. Por estas mismas razones, se dedujo que el sector de ocio y turismo salía ganando con la adopción del horario de verano. Por otro lado, también se arguyó el beneficio psicológico en términos de seguridad que supone volver a casa cuando todavía es de día, sobre todo en las personas mayores o en los niños.  
   Se estudió el posible efecto perjudicial de formación de ozono, que podía aumentar al exponerse los contaminantes de los coches una hora más a la luz solar. Sin embargo, se vio que las diferencias de concentración de ozono eran insignificantes y tampoco incidía de forma negativa en la agricultura.  
   Así, se llega a una conclusión sorprendente tras revisar los estudios en los que se basó la UE para aprobar de forma indefinida el horario de verano: los informes determinan que el ahorro de energía utilizada en la iluminación con esta medida –que es la principal razón que se aducese encuentra sólo en torno al 0 % y el 0,5 %.   
   Ante esto, cabe preguntarse, ¿merece la pena el cambio? Los datos que maneja el Instituto para la Diversificación y Ahorro de la Energía (IDAE) corroboran el ahorro para los consumidores, e incluso, lo incrementan en gran medida: en el sector doméstico puede representar un 5% desde final de marzo hasta final de octubre. Es decir, alrededor de 6 euros en el total de los 7 meses que dura la hora de verano en el gasto de una familia con un consumo medio (3.200 kilovatios hora).   
   Emilio Rull, responsable de energía de la organización ecologista Greenpeace, se muestra favorable a la modificación horaria. “Al ahorrar energía, sobre todo en relación con los combustibles fósiles y la energía nuclear, generamos menos contaminación en el medio ambiente”. 

El cuerpo se adapta 
Desde otro punto de vista, la medicina objeta: “El cambio de hora, sobre todo el que tiene lugar en marzo, es negativo porque trastorna el ritmo vigilia-sueño y genera más problemas en personas con dificultades para conciliar el sueño o que lo tengan débil”, indica Emilio Rodríguez Sáez, médico de la Unidad del Sueño del Hospital Xeral de Vigo. El especialista añade que por esta causa el cuerpo sufre alteraciones hormonales. 
   En cualquier caso, los expertos coinciden en que el cuerpo humano se habitúa en cuestión de días al nuevo horario y en que no hay que preocuparse si al principio no se concilia el sueño. Después no habrá ningún inconveniente, y aunque se produzcan desarreglos hormonales, el cuerpo se adapta. “Toda nuestra función biológica está sometida a ritmos, es como si tuviéramos un reloj endógeno que interviene en procesos como la secreción de hormonas, etc. Este reloj lo ajustamos mediante la luz solar”, explica Luis Miguel García Segura, investigador del Instituto Cajal del Centro Superior de Investigaciones Científicas. “Si uno realiza un viaje transoceánico, pueden surgir pequeños problemas porque el ritmo biológico no se adapta a la misma velocidad que el avión. Pero el cambio de hora que se produce para ahorrar energía es insignificante para el cuerpo humano”, concluye. 
   Por otra parte, existe un factor añadido importante que influye en que no se note demasiado la adopción de la hora de verano. “Las personas vivimos siempre con luz artificial y sincronizamos nuestro reloj endógeno a ésta en lugar de a la solar, por lo que el cambio no es tan brusco”, destaca García Segura. 
   La modificación de la hora establecida por los países tampoco daña al medio ambiente. “La naturaleza no sigue la lógica de los segundos y los minutos, sino los ritmos que marca la luz solar. Los hombres hemos creado artificios como el sistema horario que constituyen un sistema de referencia distinto”, afirma el responsable de Greenpeace.  
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 imagen LA FLECHA DEL TIEMPO imagen  
    Hasta comienzos del siglo XX la gente creía, (la mayoría aun sigue creyendo) en el tiempo absoluto. Es decir, en que cada suceso podría ser etiquetado con un número llamado «tiempo» de una forma única, y todos los buenos relojes estarían de acuerdo en el intervalo de tiempo transcurrido entre dos sucesos. Sin embargo, el descubrimiento de que la velocidad de la luz resultaba ser la misma para todo observador, sin importar cómo se estuviese moviendo éste, condujo a la teoría de la relatividad, y en ésta tenía que abandonarse la idea de que había un tiempo absoluto único. En lugar de ello, cada observador tendría su propia medida del tiempo, que sería la registrada por un reloj que él llevase consigo: relojes correspondientes a diferentes observadores no coincidirían necesariamente. De este modo, el tiempo se convirtió en un concepto más personal, relativo al observador que lo medía.  
 imagen  Cuando se intentaba unificar la gravedad con la mecánica cuántica se tuvo que introducir la idea de tiempo «imaginario». El tiempo imaginario es indistinguible de las direcciones espaciales. Si uno puede ir hacia el norte, también puede dar la vuelta y dirigirse hacia el sur; de la misma forma, si uno puede ir hacia delante en el tiempo imaginario, debería poder también dar la vuelta e ir hacia atrás. Esto significa que no puede haber ninguna diferencia importante entre las direcciones hacia delante y hacia atrás del tiempo imaginario. Por el contrario, en el tiempo «real», hay una diferencia muy grande entre las direcciones hacia delante y hacia atrás, como todos sabemos. ¿ De dónde proviene esta diferencia entre el pasado y el futuro?. ¿ Por qué recordamos el pasado pero no el futuro? 
   Las leyes de la ciencia no distinguen entre el pasado y el futuro. Con más precisión, las leyes de la ciencia no se modifican bajo la combinación de las operaciones (o simetrías) conocidas como C, P y T. (C significa cambiar partículas por antipartículas. P significa tomar la imagen especular, de modo que izquierda y derecha se intercambian. T significa invertir la dirección de movimiento de todas las partículas: en realidad, ejecutar el movimiento hacia atrás.) Las leyes de la ciencia que gobiernan el comportamiento de la materia en todas las situaciones normales no se modifican bajo la combinación de las dos operaciones C y P por sí solas. En otras palabras, la vida sería exactamente la misma para los habitantes de otro planeta que fuesen imágenes especulares de nosotros y que estuviesen hechos de antimateria en vez de materia.    Si las leyes de la ciencia no se pueden modificar por la combinación de las operaciones C y P, y tampoco por la combinación C, P y T, tienen también que permanecer inalteradas bajo la operación T sola. A pesar de todo, hay una gran diferencia entre las direcciones hacia delante y hacia atrás del tiempo real en la vida ordinaria. Imagine un vaso de agua cayéndose de una mesa y rompiéndose en pedazos en el suelo. Si usted lo filma en película, puede decir fácilmente si está siendo proyectada hacia delante o hacia atrás. Si la proyecta hacia atrás verá los pedazos repentinamente reunirse del suelo y saltar hacia atrás para formar un vaso entero sobre la mesa. Usted puede decir que la película está siendo proyectada hacia atrás porque este tipo de comportamiento nunca se observa en la vida ordinaria. Si se observase, los fabricantes de vajillas perderían el negocio.   
   La explicación que se da usualmente de por qué no vemos vasos rotos recomponiéndose ellos solos en el suelo y saltando hacia atrás sobre la mesa, es que lo prohibe la segunda ley de la termodinámica. Esta ley dice que en cualquier sistema cerrado el desorden, o la entropía, siempre aumenta con el tiempo. En otras palabras, se trata de una forma de la ley de Murphy: ¡las cosas siempre tienden a ir mal! Un vaso intacto encima de una mesa es un estado de orden elevado, pero un vaso roto en el suelo es un estado desordenado. Se puede ir desde el vaso que está sobre la mesa en el pasado hasta el vaso roto en el suelo en el futuro, pero no al revés. 
 imagen  El que con el tiempo aumente el desorden o la entropía es un ejemplo de lo que se llama una flecha del tiempo, algo que distingue el pasado del futuro dando una dirección al tiempo. Hay al menos tres flechas del tiempo diferentes. Primeramente, está la flecha termodinámica, que es la dirección del tiempo en la que el desorden o la entropía aumentan. Luego está la flecha psicológica. Ésta es la dirección en la que nosotros sentimos que pasa el tiempo, la dirección en la que recordamos el pasado pero no el futuro. Finalmente, está la flecha cosmológica. Ésta es la dirección del tiempo en la que el universo está expandiéndose en vez de contrayéndose 
   En este capítulo discutiré cómo la condición de que no haya frontera para el universo, junto con el principio antrópico débil, puede explicar por qué las tres flechas apuntarán en la misma dirección y, además, por qué debe existir una flecha del tiempo bien definida. Argumentaré que la flecha psicológica está determinada por la flecha termodinámica, y que ambas flechas apuntan siempre necesariamente en la misma dirección. Si se admite la condición de que no haya frontera para el universo, veremos que tienen que existir flechas termodinámica y cosmológica del tiempo bien definidas, pero que no apuntarán en la misma dirección durante toda la historia del universo. No obstante razonaré que únicamente cuando apuntan en la misma dirección es cuando las condiciones son adecuadas para el desarrollo de seres inteligentes que puedan hacerse la pregunta: ¿por qué aumenta el desorden en la misma dirección del tiempo en la que el universo se expande?
   Me referiré primero a la flecha termodinámica del tiempo. La segunda ley de la termodinámica resulta del hecho de que hay siempre muchos más estados desordenados que ordenados. Por ejemplo, consideremos las piezas de un rompecabezas en una caja. Hay un orden, y sólo uno, en el cual las piezas forman una imagen completa. Por otra parte, hay un número muy grande de disposiciones en las que las piezas están desordenadas y no forman una imagen.  
   Supongamos que un sistema comienza en uno de entre el pequeño número de estados ordenados. A medida que el tiempo pasa el sistema evolucionará de acuerdo con las leyes de la ciencia y su estado cambiará. En un tiempo posterior es más probable que el sistema esté en un estado desordenado que en uno ordenado, debido a que hay muchos más estados desordenados. De este modo, el desorden tenderá a aumentar con el tiempo si el sistema estaba sujeto a una condición inicial de orden elevado. 
   Imaginemos que las piezas del rompecabezas están inicialmente en una caja en la disposición ordenada en la que forman una imagen. Si se agita la caja, las piezas adquirirán otro orden que será, probablemente, una disposición desordenada en la que las piezas no forman una imagen propiamente dicha, simplemente porque hay muchísimas más disposiciones desordenadas. Algunos grupos de piezas pueden todavía formar partes correctas de la imagen, pero cuanto más se agite la caja tanto más probable será que esos grupos se deshagan y que las piezas se hallen en un estado completamente revuelto, en el cual no formen ningún tipo de imagen. Por lo tanto, el desorden de las piezas aumentará probablemente con el tiempo si las piezas obedecen a la condición inicial de comenzar con un orden elevado. Supóngase, sin embargo, que Dios decidió que el universo debe terminar en un estado de orden elevado sin importar de qué estado partiese. En los primeros momentos, el universo habría estado probablemente en un estado desordenado. Esto significaría que el desorden disminuiría con el tiempo. Usted vería vasos rotos recomponiéndose ellos solos y saltando hacia la mesa. Sin embargo ningún ser humano que estuviese observando los vasos estaría viviendo en un universo en el cual el desorden disminuyese con el tiempo. Razonaré que tales seres tendrían una flecha psicológica del tiempo que estaría apuntando hacia atrás. Esto es, ellos recordarían sucesos en el futuro y no recordarían sucesos en el pasado. Cuando el vaso estuviese roto lo recordarían recompuesto sobre la mesa, pero cuando estuviese recompuesto sobre la mesa no lo recordarían estando en el suelo. Es bastante difícil hablar de la memoria humana, porque no conocemos cómo funciona el cerebro en detalle. Lo conocemos todo, sin embargo, sobre cómo funcionan las memorias de ordenadores. Discutiré por lo tanto la flecha psicológica del tiempo para ordenadores. Creo que es razonable admitir que la flecha para ordenadores es la misma que para humanos. Si no lo fuese, ¡se podría tener un gran éxito financiero bolsa poseyendo un ordenador que recordase las cotizaciones de mañana!  
   Una memoria de ordenador consiste básicamente en un dispositivo que contiene elementos que pueden existir en uno cualquiera de dos estados. Un ejemplo sencillo es un ábaco. En su forma más simple, este consiste en varios hilos; en cada hilo hay una cuenta que puede ponerse en una de dos posiciones. Antes de que un numero sea grabado en una memoria de ordenador, la memoria esta en un estado desordenado, con probabilidades iguales para los dos estados posibles. (Las cuentas del ábaco están dispersas aleatoriamente en los hilos del ábaco.) Después de que la memoria interactúa con el sistema a recordar, estará claramente en un estado o en el otro, según sea el estado del sistema. (Cada cuenta del ábaco estará a la izquierda o a la derecha del hilo del ábaco.) De este modo, la memoria ha pasado de un estado desordenado a uno ordenado. Sin embargo, para estar seguros de que la memoria esta en el estado correcto es necesario gastar una cierta cantidad de energía (para mover la cuenta o para accionar el ordenador, por ejemplo). Esta energía se disipa en forma de calor, y aumenta la cantidad de desorden en el universo. Puede demostrarse que este aumento del desorden es siempre mayor que el aumento del orden en la propia memoria. Así, el calor expelido por el refrigerador del ordenador asegura que cuando graba un número en la memoria, la cantidad total del desorden en el universo aumenta a pesar de todo. La dirección del tiempo en la que un ordenador recuerda el pasado es la misma que aquella en la que el desorden aumenta.
   Nuestro sentido subjetivo de la dirección del tiempo, la flecha psicológica del tiempo, está determinado por tanto dentro de nuestro cerebro por la flecha termodinámica del tiempo. Exactamente igual que un ordenador, debemos recordar las cosas en el orden en que la entropía aumenta. Esto hace que la segunda ley de la termodinámica sea casi trivial. El desorden aumenta con el tiempo porque nosotros medimos el tiempo en la dirección en la que el desorden crece. ¡No se puede hacer una apuesta más segura que ésta!  
   Pero ¿por qué debe existir siquiera la flecha termodinámica del tiempo? O, en otras palabras, ¿por qué debe estar el universo en un estado de orden elevado en un extremo del tiempo, el extremo que llamamos el pasado? ¿ Por qué no está en un estado de completo desorden en todo momento? Después de todo, esto podría parecer más probable. ¿Y por qué la dirección del tiempo en la que el desorden aumenta es la misma en la que el universo se expande?  
   En la teoría clásica de la relatividad general no se puede predecir cómo habría comenzado el universo, debido a que todas las leyes conocidas de la ciencia habrían fallado en la singularidad del big bang. El universo podría haber empezado en un estado muy suave y ordenado. Esto habría conducido a unas flechas termodinámica y cosmológica del tiempo bien definidas, corno observamos. Pero igualmente podría haber comenzado en un estado muy grumoso y desordenado. En ese caso, el universo estaría ya en un estado de des- orden completo, de modo que el desorden no podría aumentar con el tiempo. O bien permanecería constante, en cuyo caso no habría flecha termodinámica del tiempo bien definida, o bien disminuiría, en cuyo caso la flecha termodinámica del tiempo señalaría en dirección opuesta a la flecha cosmológica. Ninguna de estas posibilidades está de acuerdo con lo que observamos. Sin embargo, como hemos visto, la relatividad general clásica predice su propia ruina. Cuando la curvatura del espacio-tiempo se hace grande, los efectos gravitatorios cuánticos se volverán importantes, y la teoría clásica dejará de constituir una buena descripción del universo. Debe emplearse una teoría cuántica de la gravedad comprender cómo comenzó el universo. 
  
   En una teoría cuántica de la gravedad, para especificar el estado del universo habría que decir aún cómo se comportarían las historias posibles del universo en el pasado en la frontera del espacio-tiempo. Esta dificultad de tener que describir lo que no se sabe, ni se puede saber, podría evitarse únicamente si las historias satisficieran la condición de que no haya frontera: son finitas en extensión pero no tienen fronteras, bordes o singularidades. En este caso, el principio del tiempo sería un punto regular, suave, del espacio-tiempo, y el universo habría comenzado su expansión en un estado muy suave y ordenado.
   No podría haber sido completamente uniforme, porque ello violaría el principio de incertidumbre de la teoría cuántica. Tendría que haber habido pequeñas fluctuaciones en la densidad y en las velocidades de las partículas. La condición de que no haya frontera, sin embargo, implicaría que estas fluctuaciones serían tan pequeñas como fuese posible, con tal de ser consistentes con el principio de incertidumbre.   
   El universo habría comenzado con un período de expansión exponencial o «inflacionaria», en el que habría aumentado su tamaño en un factor muy grande. Durante esta expansión las fluctuaciones en la densidad habrían permanecido pequeñas al principio, pero posteriormente habrían empezado a crecer. Las regiones en las que la densidad fuese ligeramente más alta que media habrían visto frenada su expansión por la atracción gravitatoria de la masa extra. Finalmente, tales regiones dejarían de expandirse y se colapsarían para formar galaxias, estrellas y seres como nosotros. El universo, al comienzo en un estado suave y ordenado, se volvería grumoso y desordenado a medida que el tiempo pasase. Lo que explicaría la existencia de la flecha termodinámica del tiempo. 
   Pero ¿qué ocurriría (y cuándo) si el universo dejase de expandirse y empezase a contraerse? ¿ Se invertiría la flecha termodinámica, y el desorden empezaría a disminuir con el tiempo? Esto llevaría a todo tipo de posibilidades de ciencia-ficción para la gente que sobreviviese la fase en expansión y llegase hasta la fase en contracción. ¿ Verían vasos rotos recomponiéndose ellos solos en el suelo y saltando sobre la mesa? ¿Serían capaces de recordar las cotizaciones de mañana y hacer una fortuna en la bolsa? Podría parecer algo académico preocuparse acerca de lo que ocurriría cuando el universo se colapsase de nuevo, ya que no empezará a contraerse al menos durante otros diez mil millones de años. Pero existe un camino más rápido para averiguar qué ocurriría: saltar dentro de un agujero negro. El colapso de una estrella para formar un agujero negro es bastante parecido a las últimas etapas del colapso de todo el universo. Por tanto si el desorden fuese a disminuir en la fase contractiva del universo, podría esperarse también que disminuyese dentro de un agujero negro. De este modo, tal vez un astronauta que cayese en uno sería capaz de hacer dinero en la ruleta recordando adónde fue la bola antes de que él hiciese su apuesta. (Desafortunadamente, sin embargo, no tendría tiempo de jugar antes de convertirse en spaguetti. Ni sería capaz de decirnos nada acerca de la inversión de la flecha termodinámica, ni de depositar sus ganancias, porque estaría atrapado detrás del horizonte de sucesos del agujero negro.)   
   Al principio, yo creí que el desorden disminuiría cuando el universo se colapsase de nuevo. Pensaba que el universo tenía que retornar a un estado suave y ordenado cuando se hiciese pequeño otra vez. Ello significaría que la fase contractiva sería como la inversión temporal de la fase expansiva. La gente en la fase contractiva viviría sus vidas hacia atrás: morirían antes de nacer y rejuvenecerían conforme el universo se contrajese.     
   Esta idea es atractiva porque conlleva una bonita simetría entre las fases expansiva y contractiva. Sin embargo, no puede ser adoptada sola, independiente de otras ideas sobre el universo. La cuestión es: ¿se deduce esta idea de la condición de que no haya frontera, o es inconsistente con esa condición? Como dije, al principio pense que la condición de no frontera implicaría en realidad que el desorden disminuiría en la fase contractiva. Llegué a una conclusión errónea en parte por la analogía con la superficie de la Tierra. Si se hace corresponder el principio del universo con el polo norte, entonces el final del universo debería ser similar al principio, del mismo modo que el polo sur es similar al norte. Sin embargo, los polos norte y sur corresponden al principio y al final del universo en el tiempo imaginario . El principio y el final en el tiempo real pueden ser muy diferentes el uno del otro. Me despistó también el trabajo que yo había hecho sobre un modelo simple del universo, en el cual la fase colapsante se parecía a la inversión temporal de la fase expansiva. Además, uno de mis alumnos, Raymond Laflamme, encontró que en un modelo ligeramente mas complicado el colapso del universo era muy diferente a la expansión. Me di cuenta de que había cometido un error: la condición de que no haya frontera implicaba que el desorden continuaría de hecho aumentando durante la contracción. Las flechas termodinámica y psicológica del tiempo no se invertirían cuando el universo comenzara a contraerse de nuevo, o dentro de los agujeros negros. 
   ¿ Qué se debe hacer cuando uno se da cuenta de que ha cometido un error como ése? Algunos nunca admiten que están equivocados y continúan buscando nuevos argumentos, a menudo inconsistentes, para apoyar su tesis (como hizo Eddington al oponerse a la teoría de los agujeros negros). Otros pretenden, en primer lugar, no haber apoyado nunca realmente el enfoque incorrecto o que, si lo hicieron, fue sólo para demostrar que era inconsistente. Me parece mucho mejor y menos confuso si se admite en papel impreso que se estaba equivocado. Un buen ejemplo lo constituyó Einstein, quien llamó a la constante cosmológica, que había introducido cuando estaba tratando de construir un modelo estático del universo, el error más grande de su vida.  
   Volviendo a la flecha del tiempo, nos queda la pregunta: ¿por qué observamos que las flechas termodinámica y cosmológica señalan en la misma dirección? O en otras palabras ¿por qué aumenta el desorden en la misma dirección del tiempo en la que el universo se expande? Si se piensa que el universo se expandirá y que después se contraerá de nuevo, como la propuesta de no frontera parece implicar, surge la cuestión de por qué debemos estar en la fase expansiva en vez de en la fase contractiva. 
   Esta cuestión puede responderse siguiendo el principio antrópico débil. Las condiciones en la fase contractiva no serían adecuadas para la existencia de seres inteligentes que pudiesen hacerse la pregunta: ¿por qué está aumentado el desorden en la misma dirección del tiempo en la que el universo se está expandiendo? La inflación en las etapas tempranas del Universo, que la propuesta de no frontera predice, significa que el universo tiene que estar expandiéndose a una velocidad muy próxima a la velocidad critica a la que evitaría colapsarse de nuevo, y de este modo no se colapsará en mucho tiempo. Para entonces todas las estrellas se habrán quemado, y los protones y los neutrones se habrán desintegrado probablemente en partículas ligeras y radiación. El universo estaría en un estado de desorden casi completo. No habría ninguna flecha termodinámica clara del tiempo. El desorden no podría aumentar mucho debido a que el universo estaría ya en un estado de desorden casi completo. Sin embargo, una flecha termodinámica clara es necesaria para que la vida inteligente funcione. Para sobrevivir, los seres humanos tienen que consumir alimento, que es una forma ordenada de energía, y convertirlo en calor, que es una forma desordenada de energía. Por tanto, la vida inteligente no podría existir en la fase contractiva del universo. Esta es la explicación de por qué observamos que las flechas termodinámica y cosmológica del tiempo señalan en la misma dirección. No es que la expansión del universo haga que el desorden aumente. Más bien se trata de que la condición de no frontera hace que el desorden aumente y que las condiciones sean adecuadas para la vida inteligente sólo en la fase expansiva.  
   Para resumir, las leyes de la ciencia no distinguen entre las direcciones hacia delante y hacia atrás del tiempo. Sin embargo, hay al menos tres flechas del tiempo que sí distinguen el pasado del futuro. Son la flecha termodinámica, la dirección del tiempo en la cual el desorden aumenta; la flecha psicológica, la dirección del tiempo según la cual recordamos el pasado y no el futuro; y la flecha cosmológica, la dirección del tiempo en la cual el universo se expande en vez de contraerse. He mostrado que la flecha psicológica es esencialmente la misma que la flecha termodinámica, de modo que las dos señalarán siempre en la misma dirección. La propuesta de no frontera para el universo predice la existencia de una flecha termodinámica del tiempo bien definida, debido a que el universo tuvo que comenzar en un estado suave y ordenado y la razón de que observemos que esta flecha termodinámica coincide con la flecha cosmológica es que seres inteligentes sólo pueden existir en la fase expansiva. La fase contractiva sería inadecuada debido a que no posee una flecha termodinámica clara del tiempo.  
   El progreso de la raza humana en la comprensión del universo ha creado un pequeño rincón de orden en un universo cada vez más desordenado. Si usted recuerda cada palabra de este libro, su memoria habrá grabado alrededor de dos millones de unidades de información: el orden en su cerebro habrá aumentado aproximadamente dos millones de unidades. Sin embargo, mientras usted ha estado leyendo el libro, habrá convertido al menos mil calorías de energía ordenada, en forma de alimento, en energía desordenada, en forma de calor que usted cede al aire de su alrededor a través de convección y sudor. Esto aumentará el desorden del universo en unos veinte billones de billones de unidades -o aproximadamente diez millones de billones de veces el aumento de orden de su cerebro- y meso si usted recuerda todo lo que hay en este libro. En el próximo capítulo trataré de aumentar un poco más el orden de ese rincón, explicando cómo se está tratando de acoplar las teorías parciales que he descrito para formar una teoría unificada completa que lo explicaría todo en el Universo. 

Stephen W. Hawking → Historia del tiempo  
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BOE Nº 53 DE 2 DE MARZO DE 2002
MINISTERIO DE LA PRESIDENCIA
REAL DECRETO 236/2002 de 1 de marzo, por el que se establece la
hora de verano.  

Articulo 1. Objeto  
1. A efectos de la presente disposición, se entenderá por "periodo de la hora de verano" el periodo del año durante el cual la hora oficial española se adelanta sesenta minutos respecto a la hora del resto del año.
2. El comienzo y el fin del periodo de la hora de verano de cada año se determinarán con arreglo a lo que se dispone en los artículos siguientes.
 
Artículo 2. Comienzo del período de la hora de verano    
 El periodo de la hora de verano comenzará el último domingo del mes de marzo de cada año a las dos horas de la madrugada (la una hora de la madrugada en Canarias), momento en que la hora oficial española se adelantará sesenta minutos. Por tanto, ese día tendrá una duración oficial de veintitrés horas.

Articulo 3. Fin del período de la hora de verano.  
 El periodo de la hora de verano terminará el último domingo del mes de octubre de cada año, a las tres horas de la madrugada (las dos horas de la madrugada en Canarias), momento en que la hora oficial española se retrasará sesenta minutos. Por tanto, ese día tendrá una duración oficial de veinticinco horas.

Artículo 4. Constancia exacta de la hora. 
ANEXO  
En las funciones administrativas de policía y servicio público en cuyo ejercicio incida el principio o el fin del período de la hora de verano, los funcionarios y demás personas actuantes velarán por que el cambio horario se refleje de modo exacto e inequívoco, especialmenle en los casos en que la constancia de la hora pueda tener efectos jurídicos o administrativos, o consecuencias para la seguridad de personas y bienes.
Fechas de inicio y fin del período de hora de verano de los años 2002 a 2006
  2002: Domingos 31 de marzo y 27 de octubre de 2002
  2003: Domingos 30 de marzo y 26 de octubre de 2003
  2004: Domingos 28 de marzo y 31 de octubre de 2004
  2005: Domingos 27 de marzo y 30 de octubre de 2005 
  2006: Domingos 26 de marzo y 29 de octubre de 2006
 
Articulo 5. Calendarios quinquenales de la hora de verano   
1. El calendario de la hora de verano para los años
2002 a 2006, ambos inclusive, en aplicación de lo dispuesto en los artículos 2 y 3, es el que figura en el anexo del presente Real Decreto.
2. La publicación del calendario de hora de verano correspondiente al siguiente y sucesivos períodos quinquenales se efectuará por Orden del Ministro de la Presidencia, antes de que finalice el periodo inmediatamente anterior.
 
Articulo 6. Medidas de aplicación.  
Los Departamentos ministeriales de los que dependan servicios públicos a los que afecten estas medidas dispondrán lo necesario para su cumplimiento.

Disposición final primera.
Entrada en vigor
La presente disposición entrará en vigor el día siguiente al de su publicación en el "Boletín Oficial del Estado". 

Dado en Madrid a 1 de marzo de 2002.  
  
JUAN CARLOS R. 

El Ministro de la Presidencia, 
Juan José Lucas Giménez 
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